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jueves, 10 de septiembre de 2009

10:17am Col – 12:17 Bra

He regresado del mejor viaje que he hecho hasta el momento. Estoy en Colombia extrañando a Brasil, extrañando a esas personas que en el ejercicio del encuentro me entregaron la hospitalidad necesaria de sentirme como en casa, e incluso, mejor que en casa. Amo BH (Belo Horizonte), amo la sensación de amar. Estoy gratamente sorprendida de haber concurrido en un mismo espacio (ser LGBT) y reconocer particularidades de la comunidad que muchas veces en un territorio tan pequeño como Bucaramanga se nos escapa.

Me siento feliz y triste, dos sentimientos ambiguos pero no distantes. La felicidad es una emancipación de la tristeza, estar muy feliz es reconocer que la tristeza existe pero que no es esa la sensación del momento, ¿estar triste?, estar triste es también estar feliz, es pensar en la posibilidad de sonreír llorando.

Nunca me enseñaron que las utopías son más que una ilusión inalcanzable, nunca me dijeron que muchos sueños no son utopías, nunca me contaron que las mejores cosas pasan en el sitio más inesperado junto a personas inesperadas. Brasil fue hasta hace muy poco una utopía de mundo, un espacio lejano, un idioma lejano, una cultura lejana. Hoy Brasil es el espacio de mis sueños, me deseo ahí, en BH, en GUDDS! En NUH/UFMG. Sé que he visto muy poco, que las primeras impresiones no son determinantes, que conocer es necesario y no creer indispensable. Sé también que somos humanos, que los humanos somos una especie entre los animales, que los animales funcionamos por instinto y el instinto nos acostumbra. Sé que la costumbre es el primer proceso de adaptación del cuerpo pero que es más fácil adaptar el corazón que el cuerpo. Sé que estoy feliz y triste, sé a quienes extraño y a quienes quisiera volver a ver pronto. Sé que a muchos nunca los volveré a ver, quizás no vuelva a ver a ninguno (y eso adolece mi escritura), quizás lo más grato de conocerlos es conservarlos en mi memoria, quizás la vida simplemente tenga sentido por las razones y personas que se conservan en la memoria. La vida es al mismo tiempo sensación, la sensación de vivir no es la única sensación, desear es la más fuerte de las sensaciones pero a veces la más intimidante. Desear no es exclusivamente sentir, desear no sentir es pavoroso. Sé que me escribo nostálgica más no es ese en términos prácticos lo que me inspira esta aventura de haber estado unos días en Brasil. Si quisiera escribir algo de allá, seguramente plasmaría el más maravilloso de mis escritos y con unas palabras de júbilo nunca alcanzaría a definir el gusto de haber conocido el paraíso sudamericano, porque, después de todo….

Habiendo conocido el paraíso ¿quién puede seguir queriendo vivir en el infierno?.....

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